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Inmaculada de San Roque de Tobarra

Cuando la Parroquia de San Roque de Tobarra se estableció en el actual edificio en el año 1973, una conocida familia vinculada a la localidad, regaló, junto con el edificio, una serie de obras para el adorno y la liturgia del flamante templo, entre ellas algunas piezas provenientes del mercado anticuario, entre ellas, una talla de la Inmaculada Concepción, de ascendencia castellana del Siglo XVII, que refleja una escuela escultórica no demasiado frecuente en las tierras del sureste peninsular, más habituado a los modelos barrocos levantinos y murcianos.

La escultura, objeto de nuestra atención, nos ofrece la representación de la Inmaculada Concepción, según el modelo creado por Gregorio Fernández que consagra una iconografía mariana que pervivirá hasta los primeros años del siglo XVIII en tierras de Castilla.

La escultura, tallada en madera y policromada, es de tamaño menor (alto 88 cm, ancho 44 cm y prof. 33 cm) y responde al modelo aludido, con un modelado un tanto rudo, aunque con buen efecto general. La figura de María, en actitud de oración, ofrece el habitual manto en oblicuo y simétrico que cae sobre una esférica nube con la media luna y un solo querubín al frente; el cabello cae en mechones a ambos lados de los hombros y el semblante, ligeramente sonrosado, ofrece unos rasgos casi infantiles, como suele ser habitual; el manto azul se salpica de estrellas doradas y el vestido, blanco, se adorna con florecillas. Es curioso que el reverso de la imagen no presente el habitual pliegue común en otras obras del tipo, sino que simplemente ofrece la madera desbastada y pintada lo que acentúa la frontalidad de la escultura pensada para estar adosada.